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Personajes por Francisco Serrano |
| No siempre nos es dado ver la realidad tal cual es. Múltiples ideas preestablecidas, rutinas, prejuicios, afanes saciados o insatisfechos, el abrumamiento o la fatiga, se erigen, como un muro de niebla, entre nuestro yo y las cosas y seres del mundo. Teñimos lo que vemos del color de nuestras fobias y apetitos. Lo que forma la opacidad de las cosas no es ciertamente sólo la “sedimentación” de las apariencias sino, más bien, el acumulado oscurecimiento del ser. Hace mucho que hemos dejado de percibir la transparencia, el fulgor, originarios del mundo. |
| Constituye pues un acontecimiento que algo o alguien nos devuelva la mirada anterior a la ofuscación de los sentidos para que seamos capaces de captar el destello del ser revelado, libre de obstáculos. |
| Con los cuadros de Irma Grizá ocurre ésto. Telas radiantes, entrañablemente pobladas por el pescadero, la niña, la diva, el actor, el intelectual, el carnicero: personajes de todos los días y de siempre retratados en el puro instante de ser, posando para nosotros en un espacio sin dimensión, en un tiempo sin transcurso. |
| Fijos en el espacio del cuadro, estos personajes son reales porque nada empaña su imagen: son lo que representan; ninguna idealización, ningún propósito interfiere con nuestra precepción de su esencia. Y no sólo la límpida técnica de Irma Grizá contribuye a este logro; se trata de algo más difícil de definir y que quizá podríamos perifrásticamente llamar la asombrada y complacida mirada de quien ha llegado a comprender que el mundo es, mejor que otra cosa, un objeto de celebración y que la más alta alegría está en vivir la vida allí donde está: en los otros, nuestros diversos semejantes. Nuestros semejantes, sí: nuestra alteridad y nuestro complemento. |
| ¡Cuánto humor, cuánta alegría irradian estos cuadros de Irma Grizá! ¡Qué hermosa manera la suya de acercarse al ser! Regocijada, con su pintura nos regocija. Si hubiera que elegir una palabra para expresar el sentido de su experiencia, yo diría que es amor. Amor es lo que mueve a Irma cuando mira a estos seres, y su mirada, enternecida e irónica a un tiempo, nos remite a lo más claro de la condición humana, a aquello que verdaderamente somos. |
| Todo es pleno, todo es vivo en este mundo; nada opaca a estas figuras, ligeras y luminosas, diáfanas en su compleja simplicidad; por el contrario: aquí se ha recobrado la transparencia. |
| Cuadros hechos para durar y convivir, para ensanchar, iluminándola, nuestra existencia, cotidiana y espléndida, como ellos. |
| Pintura que dice sí a la vida y que postula, en el nítido lenguaje del color y las formas, que ser hombres es una responsabilidad y un compromiso, y que el hecho de estar vivos es mucho más asombroso, más sencillo también, que cuanto el horror de la época nos induce a creer. |