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Irma Grizá La larga duración de la pintura abstracta por Miguel Ángel Echegaray |
| Me pregunto si es verdad que las expresiones pictóricas tramadas durante buena parte del siglo veinte están de salida, como se ha decretado en no pocas ocasiones. Pienso que la mejor prueba en contrario es su persistencia y su constante reformulación, como viene ocurriendo con la abstracción, en la que con tanta soltura se desenvuelve Irma Grizá. |
| Si bien la abstracción como principio pictórico configurativo recibió carta de naturalización en la mencionada centuria, puede afirmarse que su agotamiento está lejos de cumplirse: difícilmente una expresión de tal inmanencia podría fenecer como si hubiese alcanzado primero su cresta y después su precipicio inevitable. |
| Insisto, obras como la de Irma Grizá nos hacen replantearnos los términos de vigencia y caída en la existencia de la pintura, como también suele llamarse, no concreta. |
| El arte abstracto, según acuñación de Luis Cardoza y Aragón, "no representa pero significa", y es éste, a mi parecer, el vértice en que la pintora domina su derredor. Me explico: la afirmación de Cardoza y Aragón es incompleta o, si se prefiere, en cierto y profundo sentido desactualizada. |
| Esa expresión abstraccionista a la que se ha entregado Irma Grizá, paciente y silenciosa, no se consume en la no representación significativa. Cierto es que en alguna serie o en cuadros específicos ha añadido una figuración expresa pero más bien como un juego metapictórico, por lo que no debe entenderse como capitulación alguna; mucho menos como la asimilación a una fórmula (que puede apreciarse en otros pintores), y que consiste en convertir la expresión abstracta en un “género plástico” a la manera de los que han normado la creación pictórica en el pasado. |
| No. Grizá nos revela, lienzo a lienzo, que igual la susodicha no representación tiene mucho más que ver con esa significación distante y, a la vez, cercana. No. El casi aforismo del poeta guatemalteco no es taxativo: lo que no representa pero significa, es francamente relativo. |
| La importancia de la pintura abstracta no se reduce a crear desde la escisión entre significante y significado; entre forma y contenido; entre confusión formal y obviedad informal. ¿Cómo es posible conseguir darles asidero a una y otra cara de tan excéntrica moneda? |
| La respuesta, entreveo e invento, la sugiere la obra de Irma Grizá: la sabiduría de una tradición inconclusa; el conocimiento de una larga duración pictórica: la afirmación y el despliegue de ambas. |
| Tradición no es palabra equívoca para ser asociada con la obra de Irma Grizá, pues su vasta producción se cifra en lo mejor de la pintura abstracta hecha en México desde hace décadas. Así lo corrobora esta muestra y lo enfatiza la manera en que sus fabricaciones luminosas convocan a las más diversas miradas. Importa reiterarlo: la artista ha entendido cabalmente el decurso de un abstraccionismo que, sin estereotipos, puede considerarse como algo propio. No es sólo una referencia a encuadres plásticos reconocibles donde la solidez de una forma está; rodeada por colores que se atraen y desplazan con sutil perseverancia; no, cuadro a cuadro, la artista nos relata la novedad del decurso y el énfasis como el único porvenir posible de una tendencia pictórica que surgió con llamados a la disolución, paradójicamente, de otros discursos y tendencias plásticos. |
| En efecto, tradición no es palabra equívoca para asociarse con la obra de Irma Grizá, pues, sin gritarlo a voz en cuello, se sumerge en ese mentado decurso en el que observamos los espejos deformantes en que se asoman alteridades como Lilia Carrillo, Cordelia Urueta o Manuel Felguérez, entre muchos otros; alteridades como atisbos que precisan desnudarse o guiños referenciales que cohabitan con su propia difuminación imaginaria y con su difuminadora imaginería. Es la tradición enfrentada a contribuirse a sí misma, para ser de otra manera tradición. |
| Irma Grizá actualiza o, mejor, extiende el apunte de Cardoza y Aragón: los extremos ni tan sueltos ni tan indomeñables, donde la porción de lo no representativo no es indecible por sí mismo; lo no representable se relaja en las notas que quieren ser comprendidas. |