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Los imaginarios paisajes de Irma Grizá por Raquel Tibol |
| La pintora Irma Grizá no va en busca de realidades, no traduce la realidad, no sale a pintar del natural, no hace apuntes en paseos por el campo, no ejercita el trastocamiento de su sentido de observación, no está apegada a lo perceptible, no evoca espacios concretos. Pero Irma Grizá es paisajista, una paisajista que repudia el realismo al no desarrollar un proceso de imitación de lo visible. |
| Con formas fluidas, tramas livianas y pinceladas amplias enumera el elemento palmera, el elemento mar, el elemento trigal, el elemento arquitectura, el elemento montaña, el elemento cielo con nubes, el elemento viento, y los organiza como signos imbuidos de esencia física, otorgándoles intuitivamente una presencia orgánica dentro de una dinámica modernista, estructurada en superficies simplificadas que de alguna manera se acercan al fauvismo o al futurismo. |
| Su fantasía la lleva a representar con sensualidad un remedo de la naturaleza. Dentro del artificio que es la pintura, Grizá arma a su arbitrio una especie de naturaleza artificial con luminosidad y tensiones tropicales. Da vía libre a los impulsos del automatismo para que el tema se desenvuelva con una máxima carga subconsciente, y lo que aparece son espejismos, espejismos de la mente y de los sentimientos en el aire caliente del trópico. |
| En las composiciones de Irma Grizá los planos se intercalan de manera abrupta y quiebran la continuidad, fragmentan las cosas, como si las imágenes se reflejaran en una superficie articulada. A la ambigüedad de un espejo flexible que estira o segmenta las partes a capricho. Para acentuar estos efectos las áreas de color son vaporosas, como de atmósferas muy húmedas, muy asoleadas, muy calientes. |
| No son paisajes naturalistas ni impresionistas. Aunque aparecen líneas de horizonte no hay perspectivas porque nada responde a convenciones preestablecidas, ni las partes están donde se supone debieran situarse porque Grizá no describe y tampoco somete al tamiz de la subjetividad lo observado. Desde la subjetividad y por medio de la imaginación, Grizá hace visibles espacios y ambientes que se parecen a la naturaleza en la medida biológica en que el ser humano es parte de ella, está dentro de ella. |
| Grizá piensa la naturaleza como una dilatada cavidad construida para cobijar al ser humano. Su práctica y su voluntad artística la llevan a una definición estética abierta que puede ubicarse en los modos de representación post-abstractos. |